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15 de junio de 2016

Eduardo Scala presenta su prototipo de las Torres de Staunton

por El Maestro

Eduardo Scala presenta  su prototipo de las Torres de Staunton

El poeta, artista y estudioso del ajedrez Eduardo Scala (Madrid, 1945) regresa a León para mostrar un largo proyecto surgido hace 55 años (en 1961, cuando el ajedrecista tenía 16 años): la reformulación de La Escala Real de las Torres de Staunton, piezas diseñadas por Nathaniel Cook, firmadas por el campeón inglés en 1849, homologadas por la FIDE en 1924. El prototipo de la Escala Real de las Piezas Staunton podrá verse en el Torneo de Ajedrez Ciudad de León durante los días 10,11 y 12 de junio. Según Eduardo Scala, las pequeñísimas torres Staunton, piezas mayores o pesadas con la dama, constituyen una incoherencia en la arquitectura del juego de los juegos. Él propone el alzado de las torres para recuperar la proporción y belleza del ajedrez.

Los buenos aficionados al ajedrez desde hace siglos lo han jugado y lo jugarán de mil maneras y en cualquier parte: en la intimidad del hogar, en un parque, en una piscina, en un café o club, por correo o a través de las múltiples pantallas tecnológicas. A falta de piezas adecuadas utilizarán piedrecillas, balas o incluso figuras hechas con miga de pan o cartón para evadir a los soldados de la guerra real con el juego intelectual de los reyes, que en realidad es un juego de hermandad y conocimiento más que de guerra, o sea, mercurial más que marcial.
El filósofo Ludwig Wittgenstein, que dejó en toda su obra ejemplares pinceladas sobre el noble juego, dijo una vez a sus alumnos: “en el ajedrez podemos decir que la forma exacta de las figuras no desempeña papel alguno”. El maestro del lenguaje se refería, sin duda, a que el puro ajedrez –arte mental– no depende de la materia sino del espíritu. El reproducir una partida, por ejemplo, como si se leyera una partitura musical, no nos informa sobre con qué piezas exactas fue jugada. Pero si es posible jugar una partida de ajedrez casi con cualquier cosa y hasta a la ciega, prescindiendo de piezas y tablero, utilizando solamente la imaginación –tal es la esencia del humano juego–, no es menos cierto que jugadores, coleccionistas y espectadores se han complacido desde su remoto origen con el gozo estético de unas bellas piezas y de un elegante tablero, y en este sentido se ha llegado a utilizar figuras medievales, clásicas, napoleónicas, vanguardistas o refinados diseños persas, indios o chinos. También el famoso modelo Staunton, que tanto ha contribuido a la difusión del juego, desde mediados del XIX constituye un hito y popular patrón.
La estética en ajedrez, siempre importante, no solo se muestra en el desarrollo del juego en delicadas sutilezas o sublimes combinaciones, sino también en el diseño y exacta proporción de los llamados trebejos. La perfección formal y la escala ideal de tres dimensiones potencia la armonía de la partida, formando así un todo, una mágica urdimbre material espiritual.
Capablanca o Fischer sugirieron modificaciones del ajedrez, introduciendo nuevas figuras, movimientos, reglas o disposiciones de piezas, que cambiaban sustancialmente su forma clásica, mas no es este el caso que nos ocupa. Larga ha sido, por otra parte, la discusión de tratadistas y expertos en cuanto al diferente valor de las piezas, en especial en cuanto a la valoración exacta del Alfil y del Caballo, pero no hay ninguna duda en cuanto a la superioridad práctica de la Torre, pieza mayor o pesada que en la escala de valores va inmediatamente detrás de la Dama.
Conviene recordar esa escala valorativa y su relación con la estética y forma exacta de las piezas que Eduardo Scala detectó, desde su primer contacto con el juego, el problema de las torres rebajadas, disminuidas por el diseño –quizá caprichoso en origen– de Cook bendecido por Staunton, fijado hace 167 años; y una vez transcurrido medio siglo de esa visión, se ha decidido por fin a desatar la revolución-evolución de la Torre "stauntiana", su dignificación dentro del establecido e indiscutido diseño oficial, universal desde hace más de un siglo.
Loable esfuerzo de imaginación y de acción cuidado hasta en sus más mínimos detalles, idea y plasmación en prototipo tallado en maderas nobles, boj y ébano. Una ligera corrección en la forma, pero de hondo calado en el fondo; un ligero matiz que respeta totalmente la material esencia del juego de lógica aplastante: el valor de las figuras debe ir acorde con su tamaño. Las Torres, necesariamente, han de alzarse; así sucedía en algunos diseños del pasado, más o menos fantasiosos, pero no en el clásico Staunton, en principio más proporcionado y con el que todos los ajedrecistas, con el paso del tiempo, nos hemos acostumbrado a jugar.
Celebramos la idea, y creemos que la pequeña y esencial modificación de Scala perfecciona la armonía del conjunto de figuras, respetando la pureza del modelo Staunton, y sin tocar en absoluto la naturaleza del juego. Las ensalzadas-alzadas Torres –por seguir en el lenguaje "scaliano"– restauran así, según el artista, en la búsqueda de la divina proporción, un error de origen, y ahora pueden otear perfectamente la perspectiva del campo blanquinegro por encima de los peones y de las cabezas de Caballos y mitras de los obispos-Alfiles. Su mayor fuerza así se lo permite: 5 frente a 3, en el cómputo universalmente aceptado, aunque –metalógica o magia del juego– variable evaluación a lo largo de la partida.
El pensador, poeta y visionario Eduardo Scala ha perseguido y creído hallar la real escala dentro de la Escala Real de las piezas Staunton. El resultado es la novedosa y elevada Torre. Una vez más, Eduardo Scala ha jugado (juzgado) el juego de los juegos.

Javier Asturiano - Tam-Tam Press


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