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¡A jugar ya!

Enfoque de los autores

La línea de pensamiento que ha guiado a los autores de esta propuesta educativa parte de la importancia de la motivación en el aprendizaje. El título ¡A jugar ya! no es casual. El juego atrae de forma natural al niño, por ello se aborda directamente la explicación del movimiento de las piezas, esto es, las reglas mínimas para poder jugar de inmediato. Esta es la base de nuestro enfoque de la enseñanza del ajedrez.

Evitamos aburrir al niño con las reglas más complejas (por ejemplo, requisitos para las tablas), que se irán presentando paulatinamente, según la necesidad y cuando los primeros conceptos ya se encuentren afirmados por la práctica. El docente encontrará en esta obra un valioso apoyo, pues los distintos temas, de dificultades crecientes, están expuestos de forma comprensible para niños aun de corta edad, y brinda al alumno las herramientas para que él mismo razone y construya sus conocimientos. El juego del ajedrez presenta un aspecto socializante, por cuanto es indispensable la interacción con los demás y la necesidad de conciliar su punto de vista con el del otro. Esta toma gradual de conciencia ayuda a atenuar y a superar el egocentrismo de los niños.

El ajedrez es una actividad competitiva por naturaleza, y por tanto favorece el desarrollo de aquellas cualidades necesarias para la lucha cotidiana. Sin embargo, la práctica demuestra que existe otro aspecto: la cooperación. Los niños podrán trabajar en conjunto, solucionar los ejercicios en grupo o jugar en equipos de dos contra dos o tres contra tres, todo lo cual será fomentado por el docente. En definitiva, el objetivo es el progreso conjunto del grupo; de este modo, el impulso de competir y el de cooperar presentan aspectos útiles para los niños.

Unido a esto, surge la vertiente ética del ajedrez, cuya primera expresión se manifiesta en la necesidad de atenerse a las reglas, que una vez aprendidas, no admiten excepciones y son iguales para ambos contrincantes. De las reglas comunes, la competencia y la aceptación del resultado de las partidas nace el respeto al rival. La ética del juego también enseña que frente al tablero es el niño quien toma las decisiones y aprende, en consecuencia, a responsabilizarse de las mismas. Se desdibuja, entonces, la figura del adversario y queda, a fin de cuentas, la lucha por superarse y resolver problemas.

Sin embargo, la característica predominante del ajedrez es su aspecto cognitivo. Sin entrar en detalles, señalaremos que favorece la memoria, la concentración, la atención y la capacidad de prever situaciones y solucionar problemas. Se le inculca al alumno que debe detenerse y pensar antes de actuar atropelladamente. La regla “pieza tocada-pieza movida” implica que la decisión es irrevocable y que, por tanto, deber ser bien meditada.

Los niveles

Una dificultad clásica en la enseñanza del ajedrez a los niños, es que suele haber una disparidad entre el desarrollo de la capacidad intelectual del niño y su progreso ajedrecístico. En otras palabras, puede darse el caso, por ejemplo, de que niños de 7 años jueguen mejor que los de 11. Entonces, ¿qué criterio adoptar cuando en un mismo grupo conviven niños con distinta experiencia, fuerza ajedrecística, e incluso diferentes edades? ¿Cómo conducir un curso así con un único texto?

Necesariamente es el docente quién evaluará, según los casos, la actitud a adoptar. Sin embargo, queremos destacar que, al menos en la enseñanza del ajedrez, esta diversidad será naturalmente integrada por la práctica del juego. Todos, cualquiera que sea su edad, obtendrán alguna enseñanza.

Los ejercicios que cierran cada capítulo están diseñados también con este propósito. Todos los alumnos comienzan con los  más fáciles, y sin duda estarán en condiciones de resolverlos, cualquiera sea su edad o su nivel. Esa es la base. Los ejercicios de los niveles dos y tres podrán ser resueltos por aquellos de mayor edad o nivel de juego relativamente más fuerte, y constituirán un desafío para los más pequeños o inexpertos con deseos de superarse.

¡Estamos convencidos de que la gran mayoría de los niños los resolverá!

He aquí un cuadro ilustrativo de la típica correlación entre edad y nivel de juego:

  • Nivel A
    7-8 años
    Resuelven los 4 primeros ejercicios de cada unidad
  • Nivel B
    9-10 años
    Resuelven los 8 primeros ejercicios de cada unidad
  • Nivel C
    11-12 años
    Resuelven todos los ejercicios de cada unidad

El cuadro anterior es orientativo. El educador podrá utilizar esta propuesta de niveles de acuerdo con su experiencia en la enseñanza y la respuesta que reciba.

Según nuestra experiencia, una clave para el docente es la llamada enseñanza activa. Utilizará el material propuesto en esta obra haciendo preguntas, estimulando la producción de ideas, con competencias en la resolución de los ejercicios, etc. Es particularmente importante no dar soluciones, sino propiciar su hallazgo.


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